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Desde 1986, los Encuentros Internacionales de Música Cinematográfica y Escénica nos han permitido ver y escuchar en Sevilla frente a diversas formaciones sinfónicas a algunos de los grandes nombres de la historia de la música cinematográfica: Elmer Bernstein, Georges Delerue, Jerry Goldsmith, Maurice Jarre, Ennio Morricone, Howard Shore, David Raksin y Gabriel Yared se hallan entre los más significativos. También nos han ofrecido la oportunidad de disfrutar en concierto monográficos de la labor fílmica de algunos de los grandes clásicos del pasado y la actualidad: Barry, Doyle, North, Rota, Rózsa, Tiomkin y Williams entre ellos. Pero se echaba mucho de menos un homenaje al que muchos consideramos como el mejor creador de partituras para el cine: Bernard Herrmann. Cierto es que con anterioridad habíamos escuchado alguna página suya (Bernstein dirigió Farenheith 451 y Taxi Driver, y Goldsmith hizo lo propio con Psicosis). Pero hasta ahora no se ha dedicado íntegramente una sesión a su obra.
El concierto se abrió con una intensa recreación del preludio de El hombre que sabía demasiado, prosiguiendo con una suite de Jane Eyre algo más larga que la grabada por el propio Herrmann para Decca (ignoramos si el autor se vio obligado a abreviar su partitura de concierto original por motivos de minutaje). La suite de La isla misteriosa nos sorprendió a todos: resulta en directo mucho más impresionante que en disco. El wagneriano preludio destacó con todo su esplendor, sonando con tanta fuerza como en las grabaciones conocidas, a pesar de que Goldsmith lo abordó con aún mayor lentitud que en la realizada por Herrmann para Decca (!). Toda una muestra de valentía. En el resto de la suite, los ecos de Strawinsky resultaron muy afines a Goldsmith como compositor, mientras que la percusión mostró un virtuosismo ejemplar. Muy interesante la selección de Ciudadano Kane: Prelude, Kane and Susan/Up in Susan's room y Finale. De nuevo se demostró que la música de Herrmann soporta a la perfección una audición en concierto separada de las imágenes para las que nacieron y que, ciertamente, condicionan su desarrollo musical. La primera parte terminó con la suite de El séptimo viaje de Simbad en la que los percusionistas no pudieron del todo con la endiablada escritura del duelo contra el esqueleto, en el que Goldsmith adoptó el veloz tempo de la película, resultando algo confuso. Sin embargo la obertura y el tema de la princesa sonaron de forma transparente y convincente, realizando la sección de cuerdas un magnífico trabajo al capturar todo el exotismo que desprendían las escenas. La segunda parte estuvo dedicada en su integridad a la colaboración con Alfred Hitchcock, ofreciéndosenos el mismo contenido que el disco grabado para Decca en 1968, pues ante la imposibilidad de encontrar los oboes necesarios para formar la orquesta necesaria para Torn Courtain se optó en el último momento por la suite de Psycho, ante lo cual la audiencia respondió con una estruendosa ovación. Comparando con el referido disco, Goldsmith y la orquesta sevillana mostraron algunas limitaciones, al tiempo que importantes virtudes. Así, tanto Psicosis como la obertura de Con la Muerte en los talones (la suite de ésta anunciada en un principio no se pudo realizar al no haber conseguido la partitura) acusaron cierta falta de claridad en la ejecución, pero en los dos casos el vigor rítmico y la tensión interna salvaron ambas páginas. En A portrait of Hitch, llevada a un tempo más rápido que en el disco, Goldsmith pudo haberse recreado más en las hermosas melodías y haber subrayado con mayor precisión el humor negro de la partitura. Extraordinarios el preludio y la escena de la pesadilla de Vértigo, pero en la escena de amor un forzado tirón en la dinámica, previo al primer clímax, malogró la hasta entonces magnífica interpretación. La suite de Marnie, sencillamente perfecta, pues Goldsmith supo transmitir todo el romanticismo que refleja la partitura, cuyo tema principal nos recuerda en ciertos aspectos a la obertura de Simbad y la princesa. Goldsmith, uno de los pocos compositores de la época dorada de Hollywood que sigue en activo todavía, dejó huella en Sevilla. Ha demostrado que con el paso de los años están mejorando su habilidad en la dirección de orquestas, como ponen de manifiesto sus recientes grabaciones de Alex North. Por su parte, la orquesta ha confirmado que no es casualidad que Elmer Bernstein quisiera hace pocos años venir a grabar con ellos una de sus bandas sonoras. En el concierto que Goldsmith dirigió con su propia obra tres días después demostró lo bien que se defendía en partituras extremadamente difíciles de interpretar en una sala de conciertos como Planet of the apes. La atracción del abismo. Herrmann, Welles, Hitchcock: autores en el Hollywood de los estudios es el sugestivo título del seminario con el que estos Encuentros internacionales de música cinematográfica y escénica han intentado recuperar parcialmente la vertiente científica perdida años ha por problemas presupuestarios. Tres días intensos en los que un público numeroso ha tenido la oportunidad de escuchar a grandes especialistas y reflexionar sobre temas diversos en torno a la figura de Bernard Herrmann. El resultado ha sido no ya positivo, sino realmente magnífico. El primer día, dedicado fundamentalmente a cuestiones históricas, lo monopolizó de manera casi absoluta el catedrático Santos Zunzunegui, quien nos ofreció una larga y brillante exposición acerca de la relación entre Bernard Herrmann y Orson Welles. Además, hizo disfrutar a la audiencia con fascinantes fragmentos de las adaptaciones radiofónicas de Drácula, La isla del tesoro y The magnificent Ambersons. El mismo día el profesor Carlos Colón -codirector y alma mater de los Encuentros- enmarcó certeramente la labor de Herrmann en el Hollywood de los años cincuenta, sin renunciar a esbozar una idea fascinante: el racional, limpio y contenido "plano vacío" de Hitckcock no es sino el desesperado intento de poner freno a la irrupción de lo irracional, a la atracción del abismo. El segundo día estuvo íntegramente dedicado al análisis de la película Vértigo. Se contó con la presencia de dos figuras de singular importancia: el catedrático Luis M. Arias y el filósofo Eugenio Trías. El tercer y último día se centró en la labor creativa de Herrmann. El encargado del análisis fue el catedrático Royal S. Brown quien, por su simpatía, amenidad y claridad expositiva se ganó los más intensos y sinceros aplausos de los asistentes. Su prolongada exposición se basó ante todo en un análisis musical serio y riguroso, encuadrado en la Historia de la Música (señaló la filiación mendelssohniana del tema "radar" de Ultimatum a la tierra, y que el motivo del Kane adulto es idéntico a una melodía de La isla de los muertos de Rachmaninov). Nos sorprendió con la audición de un breve Preludio para piano de 1935, recientemente descubierto, en el que Herrmann demostraba un lenguaje en absoluto conservador heredero directamente del universo sonoro de Scriabin, quien en sus obras más tardías recurría con frecuencia al "acorde místico" tan caro a Herrmann. Pero, y esto resulta de vital importancia, Brown insistió en la necesidad de establecer relaciones dialécticas con el texto fílmico para el que las partituras se hallan destinadas. El profesor -quien contó con un piano para desgranar sus explicaciones- sacó a la luz los rasgos formales más típicos de Herrmann: breves motivos de cuatro notas, repeticiones de los mismos en diferente tonalidad, acordes de séptima que no llegan a la resolución, insistencia en un sólo acorde temático, fuerte cromatismo, colores pesantes, gusto por los metales con sordina, etc. Y, en su análisis intertextual realizó hallazgos de singular interés. Por poner un sólo ejemplo, demostró que el motivo ascendente-descendente del preludio de Vértigo no es sino reflejo del doble y contradictorio movimiento de atracción y rechazo hacia al abismo que genera la enfermedad de este nombre y que, al mismo tiempo, es la clave para entender el filme. En fin, un concierto y un seminario de inteligente planteamiento y estupendos resultados. Esperemos que tengan continuidad.
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